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La Creación del Bosque
Es interesante, para el mejor estudio de la zona, conocer el
origen geológico y el valor litológico de la Sierra de la Ballena, elevación
rocosa que en forma de larga cadena se extiende de norte a sur para terminar en
la conocida Punta poblada de grutas.
Las arenas al parecer estériles e improductivas y las sierras
pobladas de chilcas, espadañas, caraguatás y otras malezas, apenas matizadas por
algunos árboles indígenas, ocupaban la mayor parte de esa posesión. Bañados,
rodeados de juncales, diversas zanjas y hongales o dunas, donde solían verse
algunas especies vegetales muy rústicas.
Pero llegó un hombre de voluntad férrea, de espíritu
emprendedor. Dejó su flota en la costa, desembarcó pleno de optimismo, escudriñó
los escondidos tesoros de la comarca y con clara visión sembró.
Antes de comenzar su obra, que data de 1896 consulto a los
mejores botánicos y todos coincidieron en que debería plantar únicamente sobre
la ladera Este. Pero Angela , su esposa, ya había plantado los primeros árboles
en la ladera oeste y florecieron tan bien que Lussich, alentado, continuo
plantando de ese lado. Cuando el bosque comenzó a tener aspecto de tal, invito
al erudito botánico Arrechavaleta (que diez años antes le había expresado que
era una utopía plantar en Punta Ballena) y mostrándole su obra le dijo
socarronamente: "Como puede ver, seguí su consejo al pie de la letra..."
El Técnico contesto asombrado: "Don Antonio, es éste el mayor mentis dado a la
ciencia". Se rodeó de todos los hombres aptos de la comarca y sus cuadrillas de
peones plantaron los primeros árboles, hicieron almácigos en cantidades
fabulosas; removieron infectos llenos de víboras, y en todas partes donde se
creía difícil que prosperara una especie vegetal, allí mismo se plantaba y
crecía con dificultades hasta que por fin arraigaba.
Otras veces para plantar en los bañados, los peones con el
agua por la cintura, tenían que hacer montículos u hornitos de tierra y sobre
ellos colocar la plantita, pues de lo contrario era perderlo todo inútilmente.
Cuando se ordenaba la plantación en pleno cerro ya se recurría al sistema de
"siembra al voleo" después de una abundante lluvia o se abrían pozos entre las
rocas, utilizando fuertes barras de hierro, picos o pólvora.
Fue para uno de estos casos, que el señor Lussich adquirió
cierta cantidad de explosivo allá por el año 1897, cuando la guerra fratricida
amenazaba la ruina del país y hubo de costarle largas gestiones ante las
autoridades para el despacho y traslado de ese material, por sospecharse que
pudiera ser aprovechado en la contienda...
¡Cuan diferente era su aplicación!. Esa pólvora iba a abrir la
sierra escarpada para en ella depositar la simiente o el árbol fecundos, en vez
de servir para devastar pueblos y suprimir vidas, sembrando la muerte, la
desolación y la ruina. Es indudable que esa obra no fue de un día; lógico es
pensar que los esfuerzos y los gastos menudearon y que cuando fracasaba un
plantío se iniciaba otro para sustituir al primero.
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