|
Gracias a ello hoy conviven, en pacifica armonía pinos
de Japón con pinos de Méjico y de Jerusalén, Cedros del Líbano y del Himalaya,
el árbol del plata, del sur de África, con el árbol de oro (Gingko biloba) de
Japón , el sauce criollo y el álamo de Carolina, la casuarina suberosa de la
India con la Thuya Gingantea de EE.UU., la Pindo indígena, con las cycas
revolutas de Asia.
No seguimos esta relación para no fatigar al lector. Digamos
si, para dar idea de la importancia botánica del Bosque Lussich, que según
Ernesto Villegas Suárez, que fuera su administrador, son tantas las especies y
dentro de estas, tan grande el numero de variedades allí representadas, "que
para su clasificación integra seria necesario dedicar muchos mas años a la
investigación". Esa armónica convivencia de árboles de los lugares y climas mas
disímiles, sugirió al poeta franco-uruguayo Jules Supervielle bautizar al bosque
como "la encrucijada de las antípodas".
El bosque presenta, además la particularidad de albergar
plantas y árboles que florecen en distintas épocas del año, asegurando así el
permanente colorido, incluso en invierno. Y sus millares de orquídeas, ofrecían
un espectáculo increíble. Coincidiendo con su amigo, el escultor José Luis
Zorrilla de San Martín , para quien "un bosque sin pájaros es como una flor sin
perfume", Lussich lo trajo de todos los rincones del mundo.
Y para que el bosque no fuera una selva impenetrable, se
hicieron caminos y senderos que lo atravesaban en todas las direcciones. Este
maravilloso bosque de ochocientas hectáreas, sugirió a un ilustre visitante de
Punta Ballena la siguiente frase: "Un famoso poeta norteamericano escribió "El
Paraíso perdido", Lussich lo encontró.
Un hecho significativo a recordar: Lussich comenzó el bosque a
los 50 años, cuando el índice de vida no superaba los 55!! Ello explica que
cuando lo recorría, acompañado de su hijo menor, Milton, comentara a éste: "lo
que hoy estamos viendo, hijo mío, mañana será un gran bosque que tu podrás
disfrutar... yo no".
Pero el destino dispuso que las cosas ocurrieran de
otra manera...: En 1921 el Presidente Baltasar Brum conoció a Milton en Punta
Ballena y quedo cautivado con su simpatía. Por eso, de regreso a Montevideo, a
su solicitud, le autorizo a dar una vuelta en un avión militar. Desdichadamente
el aparato cayo a tierra (en el propio "Arboretum") y Milton falleció en el
acto. Apenas tenia veintiún años. Trágico destino.
Quien podría pensar que el bosque creado por Lussich y que le
cubrió de gloria, sería también la simiente indirecta de su mayor tristeza: la
muerte de su único hijo varón.
Fuente:
www.hotelterrazadelmar.com
|