Francisco Piria
nació en Montevideo el 21 de agosto de 1847, hijo de Lorenzo
Piria y Serafina Grossi, de origen genovés. Su abuelo, José
Piria, realizaba negocios de transporte naval en Buenos Aires,
efectuando viajes periódicos a Montevideo, allá por 1810, en la
Fragata "Concepción". Don Lorenzo Piria, padre de Francisco, siguió la
tradición familiar y se radicó en Montevideo luego de cumplir
actividad en el mismo ramo. El origen de Piria fue modesto y
gracias a la intervención de un tío sacerdote, tuvo oportunidad
de realizar estudios en Europa. Radicado en la capital uruguaya,
se decidió por experimentar en un negocio de ramo desconocido: el
de ropa de confección --sobretodos "Los Remingtons"-- con una
tienda en el Mercado Viejo de Montevideo.
Un incendio dejó a Piria prácticamente en la
calle, no obstante lo cual, haciendo gala de una excepcional
contracción al trabajo, se rehizo y continuó en el ramo comercial
de tienda. En la primera cuadra de la montevideana avenida 18 de
Julio, inauguró "La Exposición Nacional" vendiendo mercaderías
varias.
A mediados de 1873 fundó, con un capital
accionario extraordinario de tres millones de pesos, la que se
llamaría "La Industrial", que lo llevó a afianzarse en la
actividad comercial que signaría su vida en el futuro: la de
rematador. Ya en su adolescencia, efectuaba remates con un
martillo prestado.
Aplicó conocimientos y astucia y logró en muy
poco tiempo convertir páramos en lugares habitados, creciendo su
fortuna, con la cual llegó a hacer nada menos que veintidós
viajes a Europa.
En 1890 se decidió ante la inigualable belleza
del paisaje serrano de Pan de Azúcar, a adquirir tierras en los
alrededores del llamado Puerto del Inglés, al pie del enorme
cerro que hoy lleva ese nombre. Haciendo gala de su viveza
acriollada don Francisco dejó ver su descontento y negativa
impresión por esta región de las sierras cuando fue invitado a
conocerlas con el fin de tentarlo para que las comprara. Cuando
el dueño se convenció de que realmente este "páramo lleno de
piedras e infinita soledad de arena y viento" no valían un cobre,
Piria aprovechó para comprar... a 50 centésimos por hectárea.
Piria tenía entonces 45 años y con una
demostración ejemplar de tesón, inició la plantación de árboles
para contener las arenas de médanos móviles que tapaban cualquier
cosa que desease construirse. A su vez, dejó crecer en su mente
la idea genial de una ciudad balneario, imitando aquellas famosas
que en Europa le impresionaban a cada viaje.
Piria se trasladó hacia el lugar de su
visionaria PIRIA-POLIS y construyó, hacia 1897, una residencia
que hoy se conoce como el Castillo de Piria, digno sitio para un
real museo que le recuerde.
Piriápolis
El origen de la ciudad responde fielmente a la etimología de su
nombre: Piriápolis, "ciudad de Piria". Es la única en el país que
fue pensada, proyectada y luego realizada por una persona,
Francisco Piria.
Por 1890, de regreso de uno de los tantos
viajes realizados a Europa, llegó a una costa salvaje, agreste,
conocida como "Puerto del Inglés" (hoy Puerto de Piriápolis).
Concibió entonces, impresionado por la belleza de la Costa Azul,
en pleno apogeo, fundar la ciudad balnearia del porvenir. Ese
mismo año compra tierras a los descendientes de Leonardo Olivera
y encara la transformación del paisaje: los campos inhóspitos se
convierten en viveros, olivares, viñedos, huertas, bosques,
pinares. Cientos de hombres y mujeres y decenas de máquinas van
dando forma al sueño de Piria.
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